Fue un alivio para los fieles seguidores –pocos en una noche gélida en La Balastera– y para el técnico local, Ramón Calderé, que terminó mareado de la tensión que se vivió durante los 96 minutos que duró el encuentro. Su resoplido se escuchó hasta en la pasarela de Villalobón después de una victoria agónica (1-0), en la que se volvió a demostrar que el Palencia bien podría realizar un casting para buscar goleador, que no delantero.
En este equipo da lo mismo la posición. Ahí está Durántez convertido en héroe gracias a sus cinco tantos, uno más desde la noche de ayer. Volvió a aparecer en el momento adecuado, fruto de su fe por acompañar las jugadas hasta la extenuación. Se vio en la repetición de uno de los goles más importantes de la historia reciente del Palencia. «El de la supervivencia», admite el segundo entrenador, Juanjo Rodríguez.
Sin embargo, esa fe no solo sirve para meter goles, aunque se agradecen en un equipo donde la proporción es uno a diez, por ejemplo en la noche de ayer. También sirve para presionar a un rival envalentonado que amenazaba con hundir definitivamente a los de Calderé. Pero apareció la fe para luchar, correr y morder. Valores que encarnó el Palencia ante la Arandina. Características que también valen cuando la cabeza o la confianza no son las mismas que si el equipo presumiera de situación deportiva. Al Palencia le cuesta cerrar los ojos por la noche, en una temporada al borde de un ataque de nervios. La prueba es Calderé.
El eterno problema del gol
El sufrimiento pudo desaparecer si el equipo no hubiese sido fiel a su signo. Podría haber sido un partido plácido, de bocadillo de panceta en el descanso y de transistores para conocer los resultados de otros estadios. Pero se tornó en épico por la multitud de ocasiones desperdiciadas por los locales. El primer minuto ya fue premonitorio de lo que sucedería.
Carril demostró la ambición de los palentinos en la primera jugada. Lanzamiento desde fuera del área que obligó al meta visitante a lucirse. En el saque de esquina posterior, Rubén López no se creyó que él fuera el encargado de acabar con una sequía que se prolongaba durante más de 300 minutos.
El central, solo en el punto de penalti, cabeceó a la manos del portero arandino. Manos a la cabeza. Desesperación. Al igual que Canario, que hasta en dos ocasiones demostró que tiene la pólvora bajo mínimos. Fue otro de los ejemplos de fe. No estuvo acertado en ese sentido el ariete venteño, pero sí fue generoso en el derroche físico. Y una jugada –dejémoslo en polémica– del canterano terminó con el equipo burgalés en inferioridad por expulsión de Cristian, al entender el árbitro que agredió a Canario.
Con la acción de Reyes valió. De poco sirvió que el Palencia probara a Álex hasta en diez ocasiones, muchas en la primera parte; o que la Arandina durmiera durante 45 minutos y luego le entraran las prisas. Al final, la fe se vio recompensada, pero aún hace falta mucha en una temporada que volverá a poner a prueba los nervios de Calderé y los de los seguidores palentinos.
fuente: Norte de Castilla
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